Los problemas familiares
¿Quién no ha tenido problemas con los hermanos o los papás? Difícilmente podremos encontrar a alguien que no sufra de este mal. Pero primero, debemos comprender cuál es el origen de los pleitos: Las diferencias de personalidad, de ideas, de chocar por las actitudes erróneas de unos y otros.
Claro que no pueden ser personas iguales, que piensen lo mismo y que les gusten iguales cosas. En el entendido de que hay muchos padres que no hacen bien al educar a sus hijos, también debemos suponer que los jóvenes tampoco son un nido de cualidades y cero defectos. Por supuesto que los hijos tienen sueños y estos pueden ser muy distintos a los deseos de los papás o de los tutores.
Los humanos dejamos que las corrientes de pensamiento se metan en nuestra cabeza y la más de las veces sin cuestionarlas. Aceptamos ideas políticas, religiosas o conceptos moralistas, rollos parranderos o viciosos, olvidando que al aceptarlas, al tragarlas, eso lleva gran responsabilidad y eso hace que muchos se orienten a ciertas metas como los caballos, con los ojos tapados a los lados, sólo vemos hacia el frente. Llevándonos entre las patas a quienes están cerca de nosotros. Los papás se meten a su trabajo por obtener dinero para dar a los hijos cosas materiales y los hijos se enredan en círculos controlados por poderes que les son invisibles.
¿La solución? El diálogo. Es la única forma en la que los padres y los hijos, los hermanos y demás miembros de la familia podrán conocerse a detalle y entender las preocupaciones de los otros para ser un poco más comprensivos de sus metas y deseos. Si sólo suponemos nos arriesgamos a suponer mal. Es muy triste ver a las familias desunidas, que se faltan al respeto unos a otros. No te quedes callado, explica tus ideas con la mejor claridad posible pero también abre bien tus oídos, debes conocer lo que tu familia piensa y considera importante, así que aprende a preguntarles su opinión y a sobrellevar a quienes no piensan igual que tú.
Si el problema es un vicio, alcoholismo de uno de tus padres o hermanos por ejemplo, con mayor razón. Toma en cuenta que tras esas enfermedades siempre hay algo muy profundo que requiere salir y no encuentran la forma. Probablemente se sienten frustrados, o alguien les hizo daño, o quizá no saben cómo manejar sus emociones o quizá cometieron algún error que ellos consideran muy grave. Escucharlos, entenderlos, es la mejor forma de ayudarlos. Los problemas son para solucionarlos, no para darles la vuelta.


