Cuates hay muchos, amigos muy pocos
Tengo muchísimos cuates, de hecho hace poco conté más de quinientos en mi agenda, que pasé en limpio porque la anterior ya estaba muy maltratada. Pero amigos, a quienes yo defendería con mi vida, sólo a unos tres o a lo más cuatro. Por mis amigos estaría dispuesto a romper un cristal con los puños o guardar hasta la tumba un secreto. No se confundan, no estoy enamorado de ellos, aunque sería lo más parecido a eso porque en verdad hay momentos en los que me hacen mucha falta y daría lo que fuera por verlos pronto.
A ellos les he contado mis más serios problemas y sólo en ellos confiaría eso; estoy seguro, me daría un tiro para probarlo, ellos jamás lo contarán a nadie. Pero lo mejor de todo, en nuestra amistad, son los momentos tan divertidos que me han hecho pasar, unos son locos y su locura me enloquece también. Me he doblado de la risa con una tontería contada por ellos, porque saben cómo sacarme una carcajada o quizá es porque en ellos yo veo la alegría de la vida.

No puedo ver mi futuro sin ellos aunque noto que los adultos viven sin sus amigos de la juventud. Yo no puedo comprender cómo es posible abandonar a los amigos, dejar que se vayan, si, al menos yo, no podría hacer nada sin que ellos tengan la última palabra; los necesito, los admiro, los quiero y a veces más de lo que me quiero a mi mismo. Son muy distintos entre ellos, pero eso no quita que yo los quiera por igual. También veo cómo otros amigos se llevan y se presionan tanto que no se pueden querer tanto como nosotros. Quieren a la persona pero desean que cambien y yo jamás podría obligar a mis amigos a ser distintos porque los quiero como son, con sus errores, con terquedades, sus necias travesuras, pero así los quiero y les dedico esta canción que me encontré. Que la disfruten.